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jueves, 29 de julio de 2010
 
 
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El orden de las cosas, por Chinchiya (cuento) Imprimir E-Mail

Cuento escrito por Chinchiya

Todos han estado esperando el fin de la guerra; yo sólo que vuelva Radrya a ésta, nuestra particular familia.

Un hombre de frente a una ventana
Súper lúcida la mirada
Recorre el paisaje y no,
no es su interior, es luna.

Son sombras lejanas del bosque
Es algo raro en las estrellas
sonidos que inducen temor
Y también melancolía de esperar
De esperar

De Esperar que ella vuelva
y le diga: acá estoy mi amor
no existe el olvido,
acá estoy, mi amor, de vuelta
he venido, lo puedes creer,
no existe el olvido, mi amor,
No existe.
(…)

Campanas En La Noche
de Los Tipitos

 
 
El orden de las cosas, por Ramón SiverioSé que ella ha llegado. Miro por la ventana y la siento cerca de mí sin verla, como si respirara en mi nuca y, sin embargo, todavía no ha bajado de la nave. La flota aún pasa sobrevolando Ciudad Xing-Xi, como saludando en silencio a los que nos hemos quedado aquí. Ciudad Xing-Xi, pomposo nombre para un pueblo perdido en medio de una despojada comarca, en esta colonia alejada del mayor de los conflictos bélicos.
 
Mis amigos me dicen que mi decisión ha sido en vano, que estos años y que esta guerra nos ha cambiado a todos. No me importa. El solo hecho de ver por fin a Radrya hará que mi esfuerzo haya valido la pena. El esfuerzo de la familia entera, claro. Durante décadas hemos programado vivir una semana de cada siete, sólo para esperarla, para que cuando ella vuelva no nos encuentre demasiado viejos. Erwin y yo también nos amamos y nos hemos hecho compañía, pero ambos la extrañamos hasta lo indecible. Por supuesto que al principio hubo celos, pero luego vinieron los hijos y entendimos que ambos somos sus padres. Todos conformamos una familia, y así es el orden de las cosas.
 
Ella es La Madre, la dadora de vida. Sus hijos han permanecido aquí, en la base, para que su estirpe no corriera peligro. Pero ahora me pregunto si en verdad había algún riesgo de perderla. Mas allá de la sangre, la huella imborrable que Radrya deja tras de sí es contundente. Ha influido en los acontecimientos muchas veces: es como si fuera un inmenso sol, que perturba con su campo gravitatorio el espacio que la rodea, que da luz en todas direcciones y no necesita de nadie para brillar.
 
Quizás esté exagerando. Quizás me desilusione, al fin, cuando la vea tras cinco relativos años de larga espera. El entorno ha cambiado y nosotros hemos permanecido. Nuestros hijos son adolescentes; nuestra hija, aún una niña. Pero para todo el mundo han pasado más de treinta años y muchas cosas suceden en ese tiempo. Tecnologías se desarrollan y se transforman en obsoletas; la gente nace, crece y envejece; surgen tendencias culturales que luego pasan de moda… Nosotros hemos renunciado a seguir el ritmo alocado de la civilización, ese pequeño caos dentro de un gran orden. Nos contentamos con sobrevivir y permanecer unidos, lo cual no es poco aquí en este poblado donde se lucha todos los días contra la sequía y la escasez de provisiones debido a la guerra.
 
Ya que no podíamos conservar un trabajo regular, a lo largo de estos años nos hemos ocupado de estudiar y tratar de que eso dé frutos. Mantenernos activos, además de ser imprescindible, ha mitigado este tormento desgarrador llamado melancolía. Yo terminé una especialización en fotónica y dicto cursillos acelerados, y Erwin ha estado escribiendo y dedicándose al arte multisensorial. Los chicos siguieron un programa normal, a través del asistente hogareño; ahora podrán volver a la escuela común, si es que todavía queda algo normal en este sitio, luego del arribo de las esperadas naves con el fin de las hostilidades. Los libros de Erwin, publicados con anterioridad a la campaña contra los tecnócratas de la Alianza Estelar, solventan nuestros gastos. Pero, puesto que somos una especie de extraño fenómeno que perdura en el tiempo, sus escritos se venden mucho más. Y todos esperan el relato del regreso de Radrya.

 
 
Naves, por YuPor fin: ha llegado. La confirmación me llega por el canal de comunicación directa para avisarme que la familia debe ir a recibirla. Ahora ella es una heroína de guerra, esperarán que participemos de la ceremonia de bienvenida y condecoración; por supuesto, estaremos allí haciendo el papel adecuado a la ocasión. Su mente brillante y su intuición es la que ha hecho torcer el conflicto a nuestro favor; no hay nada más furioso y arrasador que una hembra que defiende su cría.
 
Allí está Radrya, con su cobrizo cabello flameando al viento. Mechones de canas lo surcan ahora, pero no hacen más que resaltar su esplendor. Desde la plataforma donde se encuentra hasta parece alta, ilusión que se rompe al acercársele un oficial que le advierte que hemos llegado. Está más delgada de lo que la recuerdo, y lleva puesto un ajustado vestido azul eléctrico.
 
Los chicos pueden adelantarse corriendo con Erwin; yo iré después. Sé que el vínculo entre Erwin y Radrya es distinto que el mío. Yo siempre espero. Erwin va hacia ella, pero ella viene hacia mí. No es que me prefiera, es simplemente el orden de las cosas. 
 
    

“Para mí, escribir es siempre un proceso acompañado por la música. La imagen ‘Naves sobre el desierto’ me hablaba de alguien mirando por la ventana, observando una formación de naves. ¿Y quiénes eran? Pues naves que retornaban a sus hogares, luego de una larga guerra. Y casi automáticamente me sonó en la cabeza el tema musical que acompaña el texto. Luego, cuando el cuento se fue tejiendo, me di cuenta de que no tenía una estructura definida  como introducción-nudo-descenlace, sino que bien hubiera podido ser un capítulo ‘bisagra’ en una novela. Mis compañeros de taller me exhortaron a que ampliara el relato, su antes y su después, sus personajes. Pero al encarar el trabajo de reelaboración, no pude. La historia que se empeñaba en aparecer sólo detallaba un esperado reencuentro y poco más. Quizás en un futuro surja esa historia más completa.”

Chinchiya
    

“El relato de Chinchiya, El orden de las cosas, me encantó por los lejanos ecos a esa ciencia ficción familiar que aparece en algunos libros de Robert  A. Heinlein, como en La Luna es una cruel amante. Algo hermoso sin duda.

Para Chinchiya la imagen de las naves sobre el desierto le hablaban de alguien mirando por una ventana, observando una formación de naves volando, como si fuesen una bandada de aves migrando al sur. Decidí tomarle la palabra y luego de leído el relato me encontré con una oración que me cautivó: ‘Nuestros hijos son adolescentes; nuestra hija, aún una niña’.

Esto lo dice el personaje que narra la historia en el relato de Chinchiya. Esa hija, que aún es una niña, me inspiró para representarla mirando por la ventana a las naves que regresan de la guerra. Y es que no hay nada más reconfortante para el espíritu humano que oír decir a alguien, ya sea por radio o televisión: ‘La guerra ha terminado’.

La niña mira por la ventana porque sabe que su madre regresa en una de esas naves luego de la guerra. Ella es la generación de relevo. Su madre es su ídolo y ansía algún día ser como ella.

La imagen me resultó deslumbrante desde un principio, a la vez que poética y soñadora. Una niña, Chinchiya, se asoma por la ventana y ve a las naves retornar a casa. Su ser más querido se encuentra en una de esas naves.

El laboratorio:

Luego de hacer un boceto a lápiz de la imagen, pasé el dibujo en limpio para después entintarlo. Vinieron las conocidas etapas de digitalización, limpieza, vectorización y coloreado que describo en varias ilustraciones hechas anteriormente (ver el ‘cómo se hizo’ de En el museo de los sueños verdaderos, de Néstor Darío Figueiras, por ejemplo). Allí también hablo sobre los programas a utilizar, que fueron Photopaint 12, CorelTrace 12 y CorelDraw 12, de la Suite de CorelDraw 12, justo en ese orden.

Para las naves y el cielo utilicé mi programa de 3D favorito, LightWave 3D 9.2. Luego de generar la imagen en el render, guardé dicha imagen en formato JPG para usarla más tarde.

Pensé en hacerle al relato de Chinchiya una portada de un libro. Creé un sello editorial propio y una colección especial para ese relato, ‘Colección Forjadores’. Destaqué el nombre del relato en primer lugar y luego el nombre de su autora en segundo lugar. Armé todo encima de la imagen y firmé con mi correo electrónico.

El trabajo se llevó alrededor de 8 horas de ejecución en total. Recomiendo la lectura del relato de Chinchiya para una mejor apreciación del proceso creativo aquí descrito.

Esto es todo. Que lo disfruten.”

Ramón Siverio - Ilustrador
 
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