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2006-10-05Statistics started:
Entrevista a Claudio Landete Anaya Imprimir E-Mail


Claudio Landete Anaya es escritor y editor de Ciencia Ficción. Incansable buscador de nuevos medios y horizontes, dialoga con humildad sobre su amplia trayectoria, sus aspiraciones y formas de trabajar, veamos como:

Enlace a: Ventanas al porvenir.
http://www.libroandromeda.com/PDF/Ventanas_al_porvenir.pdf

Enlace a: Un planeta singular.
http://www.libroandromeda.com/PDF/Un_Planeta_Singular.pdf

Enlace a: El orden implicado.
http://www.libroandromeda.com/PDF/El_Orden_Implicado.pdf


Mario César Carper: ¿Qué te impulsó a escribir? ¿Y justamente Ciencia Ficción?

Claudio Landete Anaya: La necesidad de transmitir mensajes. No hay otra respuesta. Aunque reconozco que también hay algunos momentos de catarsis personal. No olvidemos que los escritores tratan temas próximos a ellos mismos por lo que reflejan parte de su vida y experiencias propias en la obra imaginada.

Y justamente ha sido CF desde el inicio porque siempre me ha fascinado este género. Además, los primeros borradores eran manuscritos o mecanografiados, por lo tanto no eran de mucha extensión. Así que me circunscribí a los microrrelatos o short stories, que es la etapa primera en este género.

Lo curioso, pienso, es que este primer estadio acostumbra a ser breve para muchos creativos porque enseguida entran a abordar otros formatos más ambiciosos. Yo, por el contrario, todavía permanezco cómodo en este registro. Tiene un coste significativo porque sólo con el doble de inventiva y un poco más de oficio construyes una novela. Ceñirse exclusivamente al relato breve implica que estás dispuesto a sacrificar ideas a cada paso que das. No puedes vivir del rédito de una idea durante cuarenta o cincuenta páginas. Has de intentar plantear algo novedoso por cada cuatro o cinco páginas y luego fin y a por otra historia. Es un reto.


M.C.C.: ¿Cuál fue tu primera publicación?

C.L.A.: En este sentido he sido atípico, moviéndome fuera de las revistas de género durante bastante tiempo. Yo empecé a escribir por casualidad una columna de género fantástico con buena aceptación popular para un semanario (CAP GROS) de mi ciudad natal, Mataró. A la par envié algunos relatos a la revista Caminos, de la Asociación Española de Jóvenes Escritores (ASEJE) y allí vio la luz mi primer cuento de ciencia ficción con cara, ojos y una crítica literaria razonablemente digna: Fantasmas cibernéticos.

Dentro de ASEJE era un poco bicho raro pues había escasos aficionados a la CF, así que un buen día de 1994 decidí editar mis propias publicaciones y así comenzó la primera etapa de Mundo Imaginario.

Esos son mis orígenes.


M.C.C.: Mundo Imaginario, ya retomaremos esa historia, pero antes dime: ¿Sobre qué temas te sentís más cómodo escribiendo? ¿Cuáles preferís?

C.L.A.: Supongo que los temas son un poco como los amigos, te los vas encontrando por la vida. Cuando un día leyendo una de tantas cosas, tuve conocimiento de una disciplina llamada psicoanálisis por la que puedes descubrir las pulsiones y motores ocultos que te llevan a actuar de la forma en la que lo haces, ahí se formó el embrión, el eje central de mis reflexiones.

También pienso que las personas, sabiendo que un día no quedará nada de nuestro paso salvo el nombre o el recuerdo, tienen la obligación de que esa breve huella sea decorosa. Y ese es otro elemento impulsor en mis historias. Muchos de mis personajes principales son “desplazados”, de la situación (sustituyámosla por cualquiera de sus sinónimos: status, reconocimiento, recuerdo, función…) que les correspondería en la sociedad.

Soy dickiano en muchos sentidos. Juego con el relativismo o asimetría de la realidad, de la percepción, del recuerdo... y también con el concepto de enfermedad mental o social. Pienso que existen sociedades enfermas, hoy día sin ir más lejos, en las que los individuos y los poderes se alejan de las actuaciones sensatas o lógicas. Las comunidades se distancian de las posiciones de equilibrio, a veces influidas, otras veces porque olvidan cuales tendrían que ser las metas a largo plazo.

Yo no soy nadie, sólo dejo por escrito las fracturas sociales que veo o siento en ciertos momentos. En algunas críticas han calificado mis temáticas como humanistas.


M.C.C.: Sí, opino que humanistas y psicológicas, já, já. ¿Investigás mucho? ¿Sos sistemático para construir una narración?

C.L.A.: Investigo tanto como soy capaz, respecto al objetivo al que quiero dirigirme y explicar. Adquiero muchos libros, esa es la verdad, y una parte considerable no son precisamente literarios, sino más bien: diccionarios de temáticas diversas o volúmenes técnicos.

Dispongo de muy poco tiempo para escribir y no me queda más remedio que permitir, como voluntario forzoso, que las ideas vayan ordenándose en mi cabeza bastante antes del ansiado momento de sentarme a redactar. El ochenta por ciento de la trama está muy definida antes de colocarme delante del teclado, no porque lo busque ni lo desee de esa forma, sino por falta de momentos propicios para concretarlo en papel. También es cierto que siempre surgen aportaciones de última hora; pero cuando éstas llegan, el arco ya estaba tensado y la flecha apuntando a la diana.

Respecto a si soy sistemático... creativamente reconozco que no, pero sí en cuanto a que un argumento no me sirve sin la consecuente repercusión obligada a un personaje principal y una deducción extrapolable a nuestra sociedad. El esquema-tipo de cualquiera de mis relatos actualmente es el siguiente:


Situación inverosímil+ Repercusión individual o social+Deducción= teoría plausible


También como curiosidad te diré que lo primero es el título. Requisito indispensable. Si no dispongo de un nombre concreto para la historia, es como si no supiera adónde dirigirme.


M.C.C.: ¿Le das prioridad a la lengua o al argumento?

C.L.A.: He de reconocer que le doy mayor preferencia al argumento. Predominio casi absoluto de la idea sobre la forma. La lengua, normalmente en mi obra, es un instrumento para exponer pensamientos y teorías. Existen algunas excepciones, como por ejemplo cuando escribí El libro mágico, donde jugando con el léxico recreé una ambientación medieval o Crónica de Indias con varios episodios narrativos redactados en castellano antiguo, pero no es lo frecuente en mis textos.


M.C.C.: Muy interesante. ¿Admirás a algún escritor en particular? Tanto de idioma extranjero como español.

C.L.A.: Me gusta mucho la obra de César Mallorquí. Tengo la suerte de haber leído varios de sus textos: El coleccionista de sellos, El decimoquinto movimiento, El hombre dormido..., y sobre todo la antología El círculo de Jericó donde considero que se recopilan momentos memorables de la ciencia ficción en habla hispana. La verdad es que admiro tanto su prosa, cumplida y formal aunque accesible, como la extraordinaria capacidad que demuestra al impregnar una trama aparentemente realista con un peculiar sentido de la maravilla.

No estoy a la última del mercado editorial, ni mucho menos. Soy un poco buscador de libros antiguos y de colección: rarezas, descatalogados... Acostumbro a leer sobre todo relatos de autores clásicos o de la Época Dorada, a mí me gustan principalmente las ficciones breves. Pero si me veo obligado a destacar un nombre de escritor contemporáneo, ése es sin duda César Mallorquí.


M.C.C.: ¿Y crees que hay diferencia entre un autor de habla inglesa con uno de habla hispana?

C.L.A.: Sinceramente y puesto que no se va a enterar nadie, pienso que no. No veo correcto plantearse que por el hecho de una ubicación geográfica unos autores puedan ser mejores que otros. Lo que cambian son las circunstancias. La creatividad no tiene nacionalidad ni carta de residencia.

La diferencia existe, ciertamente, pero a nivel de escala: mercado más amplio, referente cultural y repercusión mediática sin discusión en habla inglesa. Allí un escritor puede plantearse vivir del género. Aquí a lo sumo, puede plantearse sobrevivir y siempre obligado a combinarlo con otras alternativas, la literatura juvenil, por ejemplo.

Casi todas las personas de habla hispana que tocan la CF tienen una profesión independiente, sin ningún nexo de unión, o alternan alguna otra faceta del mercado literario: grafismo, traducción, autoedición, merchandising, librería especializada...


M.C.C.: ¿Ves a la Ciencia Ficción como vehículo de divulgación científica?

C.L.A.: Es verdad que en muchas universidades se ha trabajado en esa dirección, pero la veo más como un elemento de reflexión. No obligatoriamente como un vehículo de divulgación científica, aunque reconozco que tiene recursos propios que sirven magistralmente a esa finalidad como son: las short stories y los problemas lógicos.

No hemos de olvidar que en el acto de comunicación intervienen varios factores básicos: emisor, mensaje, canal, código, receptor... Si no están convenientemente acompasados, si existen discontinuidades de cualquier tipo durante el proceso, se corre el peligro de truncarse la comunicación.

Es una pequeña deformación de mi época de articulista para prensa escrita, pero yo, con mejor o peor acierto, siempre pienso en lo diverso que puede ser el abanico de los posibles lectores.

Quiero decir que mucha gente, los receptores, no está habituada ni con el código ni con los mensajes en que puede presentarse la CF. Reincidiendo en este punto, Manuel Vázquez Montalbán opinaba que los científicos quizás fueran quienes podían apreciar en mejor medida la peculiar textura de este género literario. Yo rebajo un poco el nivel, para apreciar y disfrutar de la CF lo que se requiere es una cierta forma de pensar, una mentalidad científica que nos permita aceptar las manifestaciones o avances figurados propiciados por los métodos científicos de la literatura especulativa, así como su supuesta repercusión posterior.

Hagamos la prueba del algodón. ¿Cuáles obras de ciencia ficción han llegado siempre a mayores segmentos de población y han quedado en el imaginario popular?

Pues... las temáticas sociales, despectivamente denominadas «blandas». ¿Las causas? Muy sencillo, porque el público se identifica mejor, tiene más puntos de contacto en su vida cotidiana para reflexionar sobre: racismo, política, soledad, manipulación, injusticia, venganza… que sobre cómo funciona la combustión electroquímica, el principio de incertidumbre de Heisenberg o cuál es el límite de un radio de Schwarzschild.

¿Cómo redactas esas historias? Dramatizando los sucesos derivados de un avance o descubrimiento científico. En resumen, puedes aprovechar el marco conceptual de la CF para divulgar ciencia o tecnología y es muy loable, pero el género es mucho más amplio, y la reflexión en el lector puede y debe ser más rica; no concretarse sólo en eso.


M.C.C.: La Ciencia Ficción tuvo una edad dorada en los cincuenta donde se escribió sobre muchísimos temas, desde genética hasta viajes espaciales, robots y otras realidades. ¿Crees que hay más para escribir?

C.L.A.: Por supuesto que sí.

En mi vida he asistido ya a unas cuantas tertulias, mesas redondas, conferencias... se viene a decir muchas veces por parte de firmas de prestigio en este género que ya no hay ciertamente nada nuevo bajo el sol y que lo único que queda es presentar las mismas historias desde otros puntos de vista, jugando con la perspectiva. Relegando la supuesta innovación a una mera cuestión de estilo. Es bastante cierto que la sociedad humana en muchos de sus ámbitos, incluido el de la CF, parece evolucionar a ciclos y que periódicamente vuelven tendencias pasadas a las que se les lava un poco la cara y se tornan a vender al público actual. Pero qué quieres que diga, bien mirado, lo veo una conclusión triste, casi resignada. Un creador no puede cuanto menos que intentar configurar algo nuevo.

Las opciones son infinitas en este género literario, debido precisamente a su carácter experimental. Le doy la razón a Orson Scott Card cuando dice que los cambios en la literatura de CF son mucho más frecuentes que en la literatura convencional.

Quizás yo no sea persona apropiada para responder a esta cuestión, pues normalmente me muevo en el ámbito de los universos interiores y las sensaciones psicológicas. Mucha gente incluso diría que estoy anclado en el movimiento de ciencia ficción psicológica y sociológica de los años 60 del siglo pasado, a raíz de mis tramas, pero así y todo opino que si un creador no siente factible concebir algo nuevo, se limitará desde el inicio, abortando cualquier posibilidad de franquear las fronteras establecidas.


M.C.C.: Bueno, una buena prueba de eso es “Escultores de Hombres” ¿Qué tópicos te motivaron para la Policía Cerebral?

C.L.A.: En mi obra, al igual que en la de todos los escritores, acostumbran a aparecer unos temas recurrentes. Muchos de mis personajes son “mentalistas”. Es decir, tienen facultades psíquicas, o una gran capacidad deductiva o son estudiosos de la mente y del comportamiento humano.

Ya había creado a Samuel Buronson, un psicólogo analítico. Hombre brillante capaz de deducir teorías acordes con sucesos inverosímiles; pero atormentado por un gran sentimiento de culpabilidad. Pasado el tiempo, también quería hacer historias en la que no se tratasen a pacientes individuales sino a la sociedad en su conjunto. Ahí nació Robert Cooper, el protagonista de Escultores de hombres. Este policía del cerebro comparte con el psicólogo analítico la preocupación por sus semejantes y el espíritu de sacrificio. No puedo decir nada más porque la saga del psicólogo no está concluida todavía.

Sí te confieso que aunque la tecnología psíquica desarrollada en Escultores de hombres tiene ciertos puntos de coincidencia con el género cyberpunk: unidades psiconeurales, tasas de transferencia mnemotécnica, realidad virtual, inhibidores, recuerdos condicionados, etc... los lectores no la han asociado con esa corriente. Cuando la escribí, la verdad es que estuve más cerca de autores como Nancy Kress u Orson Scott Card, que no de un William Gibson o un Richard Morgan, por ejemplo.

La parte humanista ganó a la mecanicista, sin lugar a dudas.


M.C.C.: ¿Se lo pasaste a José Joaquín Ramos y surgió la idea del Erídano Diecisiete?

C.L.A.: La génesis de este Erídano fue peculiar. Yo le envié a José Joaquín dos o tres cuentos de la Policía Cerebral para ser incluidos, si lo creía conveniente, en algún número de Alfa Eridiani y él me contestó proponiéndome que si disponía de más material se plantearía la edición de una antología en papel.

La verdad es que sí, tenía más textos, pero consideraba que todavía insuficientes para la extensión requerida. Así que revisé lo que consideraba publicable y me puse a escribir el resto de la antología: Escultores de hombres, El laberinto psíquico, El límite absoluto, Rozando la eternidad y Símbolos que renacen.

Le estoy muy agradecido a José Joaquín porque los primeros relatos fueron escritos hacía bastante tiempo, casi una década atrás y sin ánimo de continuidad. Cada uno ellos, simplemente, era una vuelta de tuerca más a la tecnología psíquica de los reeducadores de la conducta. En aquellos tiempos yo leía biografías de personajes ilustres: Abraham Licoln, Winston Churchill, Napoleón, Stalin... y pensé en escribir relatos ambientados en una supuesta realidad virtual en que recreaciones de gran viveza reprodujeran episodios históricos trascendentales y pudiesen engañar al cerebro humano.

El gran logro conseguido con la reescritura y ampliación de esta microsaga literaria fue que la reflexión se trasladó de las simulaciones en las cárceles emocionales al mundo real. A los cuentos originales les faltaba una visión de conjunto, una unidad y una línea argumental definida. Todo eso me lo permitió la oferta de José Joaquín. La revisión y ampliación de la obra pienso que le concedió plena dimensión humana a los Policías del Cerebro.


M.C.C.: En mi opinión es muy buena CF. Y osada, aventurándose en un terreno difícil de describir: los laberintos de la mente. Mi favorito es “Símbolos que renacen”. Háblanos de la revista “Mundo Imaginario”.

C.L.A.: Hay que aclarar que Mundo Imaginario es el nombre que tenemos como grupo editor en la Agencia Española de ISBN y también la forma jurídica (asociación) adoptada desde 1994 para dar cobertura a las publicaciones. Podía haber desarrollado mi labor como Claudio Landete editor, pero no lo he hecho así. Hasta ahora he preferido moverme dentro de los parámetros de un movimiento asociativo sin ánimo de lucro.

Como revista, Mundo Imaginario era bimestral mitad ilustración y mitad texto. Aparecieron nueve números de la revista (algunos monográficos) combinados con otras publicaciones: cinco cuadernos literarios, siete boletines informativos y una antología, Sociedades Secretas, que constituyen la primera etapa.

En aquellos tiempos fuimos un poco pioneros porque introducimos el color en las portadas de aficionados, e incluso se desplazaron algunos fanzines de cómic a nuestra ciudad, Mataró, a preguntar cómo lo hacíamos y nuestra estructura de costes. Algo parecido ocurrió cuando editamos Sociedades Secretas, pero desde el ámbito de la CF. Respecto a este libro, tuvo un valor añadido como fue el descubrimiento de un buen escritor: Armando Boix.

Era un poco complicado para mí el coordinar una parte gráfica con tanto peso en la publicación. Pero los ilustradores se implicaban y la verdad es que se respetaban los plazos de entrega y le daban un aspecto agradable a las páginas. No puedo más que recordar con cariño aquellos tiempos.

Mundo Imaginario fue una suerte de escuela de edición o escritura para los participantes, según cada caso. Vas siguiendo la pista de la gente y sonríes. Care Santos, escritora hoy archifamosa nos dio un empujón inicial desde ASEJE; Jorge Carrión es ahora Doctor en literatura y profesor universitario de esta disciplina; Albert Calls es librero, escritor y persona de reconocido prestigio cultural en la provincia; Jordi Armengol, un gran profesional del diseño gráfico, a quien debemos nuestra imagen; Rafa López que se hizo famoso dibujando fantasía heroica para cómic. He tenido conocimiento que un artista que frecuentaba nuestro lugar de encuentro y traía originales para evaluar y a quien también publicamos, Francisco Javier Jodar, ha tenido una exposición en nuestra ciudad hace escasos días. Quiero pensar que Mundo Imaginario ha tenido un poco que ver, con su granito de arena, en esta progresión cultural.

Y sin olvidar a mi amigo Miquel Vila, con quien realizaba el alzado y grapado manual de la revista en su casa, cuando los primeros números. Como puedes ver, era pura afición. Es por eso que no creía justo, aunque coordinase toda esa estructura, que la edición fuera a mi nombre, he preferido siempre que se reconociera el colectivo.

Echo un poco en falta la abundante parte gráfica del pasado y es bastante posible que en un breve espacio de tiempo pongamos algún recurso en nuestra web www.libroandromeda.com a disposición de los ilustradores de género fantástico. Ya se verá.


M.C.C.: ¿Cómo se gestó Libro Andrómeda?

C.L.A.:
Libro Andrómeda fue un caso de inercia editorial. Yo hacía tiempo que estaba inactivo, pero había colaboradores de la antigua etapa de Mundo Imaginario que me seguían llamando y preguntándome: ¿cuándo piensas sacar algo nuevo? Al colgar el teléfono me quedaba una amarga sensación mezcla de añoranza, deuda contraída y labor inacabada respecto a los aficionados y creativos que confiaban en mí.

En aquella época no olvidemos que Plaza y Janés sacó una breve colección en la que muchos vimos que nos copió el nombre Colección Mundos Imaginarios; con lo que cualquier posible iniciativa mejor que comenzase desde cero, pues habían ocupado nuestro nicho. Como en la Hispacón del año 1997 había sacado unos sencillos cuadernos con el nombre de Andrómeda, pensé en convertirlos en libros.

Inicialmente era un proyecto personal nostálgico de tres títulos y sin pretensiones, para recopilar simplemente la obra propia: un volumen de cuentos publicados, otro volumen de ensayos y un tercero para mis artículos aparecidos en prensa. La verdad es que la idea de volverme a llenar de trabajo, coordinando un nuevo proyecto editorial, me costaba de asumirla de nuevo. Sea como fuere, la salida de los dos primeros títulos me volvió a poner en la senda de la edición, encargar portadas, autodistribuir, etc... volviendo a funcionar los engranajes, como si la ausencia hubiera sido de días y no de años. No fue nada mal, pensé en ampliarlo a más autores, aunque ya sabía que volvía a cargarme de trabajo. En aquellos tiempos conocí a un escritor que deseaba divulgar obra: Joan Antoni Fernández. Revisé sus originales y le edité Policía sideral. Fui abriendo cada vez más Libro Andrómeda a los antiguos colaboradores, al público y autores en general. Las convocatorias de Sistema Binario, Razas Estelares y Especial Philip K. Dick fueron buenas cosechas literarias.

Y bien... el resto ya lo conocéis. Como Plaza y Janés cerró su proyecto, al cabo de tiempo opté por recuperar el identificador inicial o marca de Mundo Imaginario, no como motor editorial que ya lo era Libro Andrómeda, pero sí como una colección hermana dedicada a novela.


M.C.C.: ¿Y el Premio Andrómeda de Ficción Especulativa?

C.L.A.: Un buen día me encerré a analizar varios factores, incluido cómo consideraba que tendría que gestionarse un premio literario de amplia difusión. Para ello me documenté un poco y me inspiré en el Premio Júpiter. Ese galardón se concedió entre 1973 y 1978 por el Grupo Instructor de Ciencia Ficción de la Universidad de Maine. Eran un grupo de estudiosos y profesores de lengua y literatura inglesa que utilizaban la ciencia ficción como material pedagógico en sus clases de creación literaria.

En resumen, el Premio Júpiter había estado organizado por lo que se entiende como un jurado de expertos y disponía de cuatro modalidades o categorías de competición: Novela, Novela corta, Relato y Relato corto.

Adapté lo mejor que pude esa estructura a mis recursos: reuní un jurado de expertos entre las comunidades editorial, científica y literaria de mi ciudad; recuperé un concepto de prestigio cultural dentro del género como era la «ficción especulativa»; agrupé las extensiones normal y corta en una única por categoría, quedando sólo Relato y Novela; diseñé mejor o peor un icono de ciencia ficción, el «Trofeo Andrómeda» y, por último, utilicé a Libro Andrómeda y a Mundo Imaginario como medios editoriales para divulgar las obras ganadoras.

A todo esto se suma la deliberación que mantuvimos en la primera reunión del jurado. Les pedí consejo sobre si creían conveniente que iniciara la búsqueda de financiación institucional o privada para dotar económicamente el Premio Andrómeda. Curiosamente, yo pensaba que me responderían: «Sí, por supuesto»; pero no fue así el asunto. La deliberación se decantó por unanimidad de los presentes hacia una gratificación moral entre los participantes, un icono de ciencia ficción, y la edición conmemorativa de cada convocatoria.

El Premio Andrómeda está próximo a cumplir cinco años de su primer curso literario (2004-2005). A fecha de hoy, pese a los limitados medios del principio, la aceptación entre los aficionados creo que no ha podido ser más favorable. Quiero pensar que no nos equivocamos aquella noche entre cuento y cuento. Y ciertamente está siendo una experiencia muy enriquecedora.

Aprovecho esta ocasión para darles las gracias a los aficionados y participantes.


M.C.C.: Estoy seguro de que los implicados son conscientes de ello. ¿Qué temas prefieres publicar? ¿Hay algunos requisitos para los escritores?

C.L.A.: El requisito es que se respete la necesaria coherencia argumental y exista una finalidad relevante en la narración.

Incluso la Fantasía obedece a unas reglas y, bien trabajada, constituye una poderosa herramienta de reflexión igual de útil y meritoria que la CF. Respeto la fantasía cuando presenta elementos de valía y no le cierro las puertas, pese a que el grueso del material que recibo y edito es eminentemente de ciencia ficción.

Si hacemos un poco de memoria enseguida se aprecia que (aun siendo editor y escritor que defiende la imaginación disciplinada) las primeras novelas que edité fueron La estirpe de Tordón y Retrato de ciudad con plaza en el centro, ambas obras, escritas por Mª Concepción Regueiro, son de naturaleza fantástica. Pero su valor literario y especulativo es incuestionable. Siendo una edición de la que me siento muy orgulloso.

Hay más ejemplos como el volumen dedicado a Julián Miranda y su fábula fantástica El seronte que jugaba al escondite.


M.C.C.: ¿Cómo ves la evolución de la CF en español?

C.L.A.: Opino como otros compañeros. Actualmente estamos inmersos en una crisis económica que prácticamente está golpeando a todos los sectores de actividad en España y se prevé larga, no concluirá en este 2009. Es más que previsible la retirada de algunos editores industriales junto con el reajuste/disminución de nuevos títulos.

La CF ya estaba castigada en los últimos años porque el público y, posteriormente, los escritores profesionales se decantaron por cubrir la demanda actual de mercado: distracción de menor exigencia intelectual.

¿En qué manos queda la CF? Posiblemente se apoyará más en los editores aficionados, con estructuras de costes más variables o incluso a medida, y con cifras de ventas modestas pero próximas a la autosuficiencia económica. Pienso que como en otros cambios de ciclo, los editores aficionados, que no se mueven por un margen comercial sino por un sentimiento, ejercerán de elementos reguladores en el mercado asumiendo mayor actividad a corto plazo.


M.C.C.: ¿Y qué esperas de tus lectores?

C.L.A.: Nada. La pregunta encierra una paradoja en sí misma. Si una persona llega a leer algo tuyo, ya te ha concedido el mejor regalo posible: su atención y su tiempo. No tienes derecho a esperar nada más porque ya estás en deuda con ese lector.


M.C.C.: ¿Qué estás leyendo actualmente?

C.L.A.: Estoy a caballo entre dos libros que tengo en la mesita de noche Cuentos Completos V de Philip K. Dick y Las cosmicómicas de Italo Calvino. El primero estuve esperando pacientemente que lo editara Minotauro, pues como he dicho me gustan las ficciones breves. El segundo me fue aconsejado por un colaborador y la semana pasada cayó venturosamente en mis manos en una visita a la librería Gigamesh de Barcelona. Cuando leí que el personaje se llamaba Qfwfq y que tenía la edad del universo, por lo que no había acontecimiento de un billón de años atrás al que no hubiese asistido, no me quedó más remedio que meterlo en la cesta de la compra.


M.C.C.: ¿Puedes comentarnos cuáles son tus proyectos actuales?

C.L.A.: Estoy a pocos días de que salga Mundos Desconocidos de la imprenta, un libro dedicado al universo y a la astronomía. La meta para este año es publicar además las novelas El Proyecto Amanecer de Juan Moro y Alter de Juan Herranz, que combinadas con la aparición por entregas en la web de Libro Andrómeda de Quimera escrita por Antonio Moreno, tienen que dar a este año 2009 un marcado sabor a novela.

Aparte de esto, está prevista una convocatoria entre los escritores para el mes de septiembre con objeto de un número especial en un formato de mayores dimensiones y mejor calidad tipográfica. El nombre de este formato es: Andrómeda Prestigio. Será experimental y la intención es que los suscriptores lo reciban por el mismo precio como un valor añadido por su fidelidad y confianza.


M.C.C.: ¿Si te pidieran que te definieras en dos líneas cómo lo harías?

C.L.A.: Durante mucho tiempo fui aprendiz de persona y un autodidacta en el escribir. Ahora, con los años sobre mí, no aspiro a más porque la vida es un viaje y una lección de humildad.

 
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