Entrevista con el cazavampiros, por Federico G. Witt Sousa (cuento)

Cuento escrito por Federico G. Witt Sousa

¿Cómo serán los cazavampiros del siglo XXV? ¿Cómo combatirán a Drácula y sus secuaces? Tal vez lo mejor sea que nos lo explique un veterano cazavampiros espacial. Aunque es probable que el de esta historia no sea el individuo más representativo de su gremio.

—La verdad, no sé de qué se extraña. Es muy sencillo. Simple ley natural… ¿Dónde habré metido los putos cigarrillos? Ah, aquí están.

»Escuche. Ellos dicen que deben prevalecer porque son más fuertes, más poderosos; aseguran ser los depredadores y nos consideran sus presas. Vale, sí. Quizá fuera así hace muchos años, siglos, cuando nos cazaban como si fuéramos conejos. Esos arrogantes chupasangres son fuertes y rápidos. ¿Y qué? Estamos en el siglo XXV, eso ya no importa. ¿Quiere un cigarrillo? Perdone mi falta de educación, demasiado tiempo fumando a solas, ¿comprende? ¿De verdad no quiere uno? Bueno, allá usted.

»Verá. Se lo voy a explicar con palabras tan sencillas que hasta uno de esos blasfemos medio imbéciles que leen su revista lo podrá comprender sin demasiado esfuerzo. Cuando digo que es ley natural no me estoy refiriendo a que ellos sean antinatura, como afirman otros empleados del Jefe. ¿Lo pilla? Ése es sólo un recurso propagandístico. Ya nadie se traga esa demagogia barata. No, cuando lo llamo ley natural me refiero al darwinismo puro y duro. Y es que no prevalecerá quien sea más fuerte, sino el que esté mejor adaptado.

»Nosotros podemos extraer alimentos de casi cualquier cosa. ¿Se da cuenta? Y ellos… ¿qué coño comen ellos? ¡Sangre humana! Como alimento, la sangre es basura. ¿Qué seres del universo conocido se alimentan de sangre humana? Los mosquitos, chinches, tábanos, sanguijuelas y algunos murciélagos que comparten nombre con esos bastardos herejes y blasfemos. ¿Y sabe por qué? Se lo repito: porque la sangre es pura mierda. Es indigesta y no guarda la proporción adecuada de nutrientes. Los vampiros están muy limitados; necesitan mucha, muchísima sangre, y sólo sobrevivirán mientras haya suficientes personas en el universo como para que esos malditos hijos de un camión lleno de putas puedan saciar su hambre. Porque tienen hambre. ¿No lo sabía? Pues como se lo cuento, oiga. Tienen tanta hambre que les duele. Nosotros no tenemos ese problema.
 
»Pero eso no es todo. Usted me dirá que podrían capturarnos y meternos en granjas. Sí, ya, claro. Eso era antes, pero ahora tenemos naves iguales o mejores que las de ellos. Nuestros cañones láser no se amilanan ante los de esas alimañas espaciales. Además, esos engendros se reproducen muy de tarde en tarde. Mejor dicho, ni siquiera saben reproducirse. Todo lo que pueden hacer es convertir a uno de los nuestros si lo pescan, cosa que tampoco les conviene demasiado porque cada vez que lo hacen crean otra boca que alimentar. ¿Lo pilla? Están limitados por su alimento y para propagarse tienen que eliminar la única fuente que hay de ese mismo alimento; vaya negocio. Me sigue, ¿verdad? No sé en qué pensaría Nuestro Señor cuando los creó, o cuando permitió que algún estúpido demonio medio tarado los creara. Quizás Él lo único que pretendía era experimentar con otro callejón sin salida, hablando en términos evolutivos. Ya sabe a lo que me refiero: el ornitorrinco, el dodo, el kiwi…, toda esa basura residual de la naturaleza. Los vampiros son la misma mierda, obscenidades condenadas al fracaso, ¿no cree?

»Además, para serle franco le diré que incluso cara a cara, por muy fuertes y rápidos que sean, tienen demasiados puntos débiles si uno sabe manejarse. Yo mismo no podría recordar a cuántos me he cargado. Como se lo cuento, oiga. Y eso que sólo soy un cazavampiros de segunda; mire, mis galones tienen una cruz. Tendría usted que hablar con un agente especial de los buenos, de esos que llevan tres cruces, los obispos o los cardenales. Esos tipos sí que saben hacer las cosas a lo grande. Su puta madre. Perdone usted mi falta de educación, mi lenguaje a veces no es el más correcto, pero sepa que tengo estudios: Teología, Psicología, ciencias puras, técnicas militares… He estudiado mucho pero quizá le parezca un poco bruto; paso tanto tiempo sin compañía en una nave… ¿Comprende? Oiga, ¿seguro que no fuma?

»Sólo te pueden pescar de dos formas: si te cogen por sorpresa sin que lleves un crucifijo o por medio de esas malditas bacanales que se montan y que tanto parecen gustar a algunos. Y que conste que a esos perros les está bien empleado si les cazan así. No se merecen otra cosa. Hay que saber aceptar los valores. ¿Lo pilla? O eliges una vida de recta virtud, o una de perdición. Estoicismo o hedonismo. Sí, ¡qué fácil es dejarte llevar por los placeres de la carne! Pero luego, atente a las consecuencias. Es mejor tener la cuerda un poco tirante, ¿sabe? Mejor que andar con tanta relajación de costumbres.

»Pero disculpe que me vaya por las ramas. Elimine luego lo que sobre de la entrevista. Permítame seguir con lo que estábamos hablando… Oiga, usted habla poco, ¿eh? Vaya, no es un tipo hablador, no. En cualquier caso, le aseguro que no son tan poderosos cuando se les coge el tranquillo. Bastan una lámpara de ultravioleta B, una cruz, agua bendita o una buena espada de plata que haya pasado por las manos del Jefe; incluso, si los encuentras dormidos, valdría una estaca de madera, que no necesita ninguna bendición del Santo Padre, para que esos hijos del pecado acaben más secos que mi abuela. Por cierto, ¿ha oído usted hablar de la que organizó Nick Spector en la colonia de vacaciones de Azahara-3? Por la gloria de mi madre que me hubiera gustado haberlo presenciado. No sobrevivió ni un alma, si es que se puede hablar de almas cuando se trata de esas abominaciones. Y creo que en ese satélite vivían más de doscientos cincuenta de ellas, sin contar a sus esclavos. Y no quedó nadie. Ni uno. ¡Ni uno! Oiga, ¿no quiere otra jarra? ¿Tampoco? ¡Camarero, otra de grog! Y que conste que los edificios de Azahara-3 quedaron intactos, puede ir a comprobarlo si quiere, así que Nick Spector no los bombardeó con proyectiles de plasma. Lo hizo todo a mano, con su espada. ¡Dios, cómo me hubiera gustado haber estado allí para verlo! Pero Spector es un agente especial. Tiene rango de cardenal, aunque no ejerza, y lleva tres de esas cruces grandes en el hombro, a pesar de las diferencias que sostiene con la Santa Sede. Un crack, oiga. El puto amo. Espere, necesito otro cigarrillo. No sabe usted lo que se pierde, ni cigarrillos ni apenas grog…

»¿Me creería usted si le digo que apenas quedan unos cientos de esos miserables en esa inmensa nave que han bautizado como Transilvania 3000? Sin contar a los miles de perros esclavos que les sirven, claro. Bueno, pues le voy a contar una cosa porque me ha caído bien, pero esto no lo grabe, apague ese cacharro. ¿Ya está apagado? Bien. En fin, a lo que iba: Nick la está buscando. Lo sé de buena tinta, tengo fuentes dignas de toda confianza. Y que se preparen esos parásitos, porque va con esa maldita nave que ha preparado hace poco… Seguro que eso está apagado, ¿verdad? Dicen que le ha incorporado un cañón de plasma asistido por tecnología Gauss. Es una puta estación de combate en miniatura. Lleva encima más poder destructor que cualquier planeta, estación o satélite que usted conozca, a no ser que haya estado en Nueva Vaticano, cosa que dudo. Igual decide usarla y ni se digna a entrar a saludar. ¿Lo pilla? Aunque estaría bien que su katana le acariciara el cuello al Conde, que dicen que viaja en persona en la Transilvania 3000, ¿no cree? Sí, sí, me refiero al mismísimo bastardo rumano.

»Pero yo preferiría que Spector hiciera un trabajo limpio, sin el cañón de plasma. Los que la han visto aseguran que esa fortaleza hereje es una preciosidad. He oído que está forrada de piedra, imitando un castillo medieval. Una preciosidad, sí. Me gustaría verla intacta. Cuentan cosas, ¿sabe? Pero no sé si todas son verdaderas. Dicen que tiene multitud de estancias adornadas con terciopelo rojo y negro. Y alguien me ha dicho que los vampiros de alto rango tienen alcobas en las que duermen rodeados de sus harenes de esclavas humanas… desnudas. Aunque también hay efebos. ¿Se lo puede creer? ¡Efebos! ¿Cómo puede alguien…? Hay que terminar con eso: amancebamiento, concupiscencia, promiscuidad… y esos malditos sodomitas; el infierno se los trague junto a todos los que erigen obeliscos a Onán y derraman su semilla en esas salas llenas de concubinas, mujeres lúbricas, ninfas impúdicas, obedientes y agradecidas servidoras de la carne y el placer. Es que me ponen malo, ¿entiende? Me enferma imaginar a esas oferentes esclavas entregando a los sucios herejes sus… lascivos y pecaminosos cuerpos.

Entrevista con el cazavampiros, por Kala »Perdone. ¿No tiene un encendedor? Malditas cerillas. Se mojan cuando me sudan las manos. Hace calor aquí, ¿no cree? Volviendo a lo que iba, no sé si le habrá valido para algo lo que le he contado pero creo que es fácil de comprender. Le aseguro que es ley natural. Es cuestión de tiempo que ellos desaparezcan. Y nosotros, los siervos de Su Santísima, estamos aquí para ayudar un poco a que ese plazo de tiempo sea lo más breve posible. Ayudando a la naturaleza.

»¿Lo pilla?
 
Mientras moría entre mis brazos no parecía tan superior a nosotros como aseguraba serlo poco antes. Oh, sí, el resto de lo que me había dicho era cierto: no podemos hacer nada contra los crucifijos o el ultravioleta, y se nos mata decapitándonos con una espada de plata. También es verdad que las naves de ellos son tan buenas como las nuestras; y que Nueva Vaticano, emplazada a casi treinta y seis mil kilómetros de distancia de la Ciudad Eterna, en órbita geoestacionaria sobre ésta, dirige a un número considerable de agentes que están causando estragos entre los nuestros. Y no es menos cierto que hace poco han llegado a dominar la tecnología que les permite utilizar proyectiles de plasma, algo que marca la diferencia entre destruir y ser destruido. Y es que la lucha por la supremacía, el triunfo del más apto, entre seres inteligentes no viene determinado por las viejas leyes naturales sino por la transmisión del conocimiento y sus aplicaciones prácticas. Por eso, si también es verdad que Nick Spector, el viejo cardenal agente especial al servicio de Su Santidad, el asesino de Azahara-3, anda tras la pista de la Transilvania 3000, tal vez lo mejor sea permitirle que la encuentre.

Después de despedirnos esperé al cazavampiros a la salida de aquel tugurio del puerto donde nos habíamos citado. Aún tardó media hora. Iba como una cuba. Cuando me vio, comprendió e intentó echar mano al crucifijo que llevaba en el bolsillo interior del guardapolvos, pero estuvo lento. Demasiado grog. Su sangre apestaba a nicotina y alcohol tanto como su piel a humo y sudor, pero también tenía razón cuando aseguró que esta hambre duele. Duele mucho. Creo que al morir debió ser consciente de la necesidad que tenemos, que cuando no se satisface deja sin significado al asco. Lo vacié, no era merecedor de compartir nuestra esencia vital.

—No eres digno de alcanzar la inmortalidad. ¿Lo pillas? —le comuniqué, cuando ya estaba próximo a su final.

No le hizo gracia mi imitación, o al menos no sonrió.
 

  

“La premisa era muy clara y me propuse seguirla al pie de la letra. Elegí como género el de la ciencia ficción futurista —aunque con un toque cutre-retrógrado-casposo— y escribí una historia de menos de 2 000 palabras que tocara el tema de los vampiros, tanto en lo tradicional (chupasangres con las aficiones, costumbres y puntos débiles de siempre, frente a cazavampiros) como en lo no tan tradicional (siglo XXV, naves espaciales y la Iglesia Católica como referente tecnológico puntero). En ese sentido no tuve problema. La facilidad que supone inventarse una historia sobre un tema tan trillado y rico en detalles como el de los vampiros compensa la falta de práctica de que adolezco. Pero cuando las cosas se presentan fáciles siempre estamos dispuestos a buscarnos las complicaciones nosotros mismos. Me propuse hacer un texto enteramente en primera persona, una variedad de monólogo en la que alguien relatara sus impresiones y vivencias, no a una audiencia sino a un segundo que sólo escucha. Lo ideal era plantearlo como una entrevista que suponemos que comenzó con una pregunta elíptica: ¿Por qué tanto odio? Pues bien, hacerlo no ha resultado sencillo. He tenido que tirar a la basura varias reglas de escritura, como por ejemplo la que dice que no se debe escribir con muletillas, coletillas ni frases o expresiones repetidas. He necesitado eliminar cualquier acotación, inciso o intervención del segundo en el ‘diálogo’ sin que parezca que este individuo no está presente. No me ha quedado más remedio que hacer que el mismo entrevistado haga de narrador de la escena, que no sólo se limite a contar su historia, y que para ello se interrumpa e incluya incisos que nos sitúen en una taberna frente a un entrevistador que le deja hacer. Y lo más complicado ha sido conseguir que esto fuera un cuento, que tenga un final. Dejarlo como entrevista, que era mi intención, no cumpliría con la premisa, y así me lo hicieron ver. Así que no me ha quedado otra alternativa que terminar con la entrevista y cambiar de narrador. Creo que con las indicaciones de los compañeros del taller esto ha quedado mucho mejor.”

Federico G. Witt Sousa